lunes, 14 de abril de 2008

ÉL ES MI PROTECTOR - Salmo 27

¿Alguna vez se ha sentido como que sus fuerzas se acaban, que sus piernas le tiemblan?, ¿que su cielo está lleno de nubes negras aunque el sol está brillando?; ¿en uno de esos momentos en que queremos olvidarnos que somos ya crecidos y responsables de nosotros mismos?, ¿a lo mejor en uno de esos momentos cuando lo único que queremos es que alguien venga y nos abrace, para librarnos de la situación que estamos viviendo?

Bueno, déjame decirte amigo y hermano que estas en muy buena compañía, porque dudo que exista alguna persona que no haya pasado por esa situación y eso incluye a los mas débiles y a los mas grandes y poderosos.

¿Recuerda al grandioso Rey David? ¿Aquel que las escrituras declaran que fue un hombre al verdadero corazón de Dios? El valiente pastorcillo que mató al oso y al león solo con su callado y su vara y que también mató al gigante filisteo, ¡el también pasó por similares circunstancias!.

Algunas veces el se metió en lios por sus propias acciones, como cuando se apropió de la esposa de un hombre que le servía y que para tratar de deshacerse del problema; envió al pobre hombre al frente de batalla para ser puesto en la primera línea para que lo mataran rápidamente.

Así es como vemos a este poderoso rey clamando a Dios por ayuda y salvación en el Salmo 86 y llorando le dice “…INCLINA, OH Jehová, tu oído, y óyeme; Porque estoy afligido y menesteroso”; pero aun desesperado, angustiado y culpable, lo primero que el hace es correr hacia Dios por ayuda y no trata de esconderse o arrancar en la dirección opuesta; que es la mas común de nuestras reacciones.

Aprendemos también de este hombre elegido, que junto con sus quejas y clamor por ayuda, infaliblemente el expresa su fe en que Dios lo librará de todos sus problemas.

Cuantas veces nos encontramos con expresiones provenientes del arpa y la voz de este gran hombre; que son de un tremendo aliento y coraje para nuestras vidas.

“…aunque ande en valle de sombra de muerte, Tu estarás conmigo”(Salmo 23:4)

“…Tu eres el que levanta my cabeza” (Salmos 3:3)

“…Guarda mi alma, y líbrame: No sea yo avergonzado, porque en ti confié” (Salmo 25:20)

“…cuando se juntaron mis enemigos contra mi para comer mis carnes. Ellos tropezaron y cayeron” (Salmo 27:2)

“…Caerán á tu lado mil, Y diez mil á tu diestra: Mas á ti no llegará.”(Salmo 91:7 )

“…Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida”(Salmo 23:6)

Todas ellas me llenan de gratitud y me hacen sentir fuerte y protegido, deseoso de enfrentar al enemigo, sabiendo que desde ya, la solución de mis problemas está a la puerta.

Nuestro Señor Jesucristo, nos ama y de tal manera, que El murió en la cruz del calvario, precisamente para librarnos de todo mal y para darnos Su protección.

Es tremendamente reconfortante el saber que Jesús mismo nos prometió:

…y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.(Mat. 28.20)

Demos gracias a Dios de todo corazón, que el camino de salida a nuestras circunstancias, no depende en cuan fuerte o cuan astutos o cuan entendidos podamos ser; sino que depende en el amor, el cuidado y la mano poderosa del Señor, actuando en nuestras vidas a través de la unción del Espíritu del Señor que mora en nosotros (1Corintios 3:16) y activada por NUESTRA FE EN QUE EL HARÁ LO QUE PROMETIÓ.

Que nuestro Señor haga resplandecer Su luz sobre cada uno y les de paz y confianza.

Pastor Michel

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