Muchos años atrás fui invitado a visitar unos amigos que viven en una calle llamada Court de la Chapelle en el Barrio 18 de Paris. Entre la conversación, la comida y los juegos de cartas; el día se fue volando y al darme cuenta que tan tarde era, rápidamente me despedí y comencé a caminar a grandes pasos ya que es bien conocido que en esa área tu no caminas solo en la noche al menos alguien que vive allí te acompaña. ¿Taxi? ¡Ni lo sueñes! No se atreven a ir por esos lados a esa hora de la noche. Con esa idea en la cabeza me dirigí hacia la estación de Chateau rouge, en la esperanza de que podría alcanzar el último tren.
Aunque la jornada duró solamente 20 minutos; creo que han sido los 20 minutos más aterrorizantes de mi vida. Las calles eran angostas y muy oscuras, en algunos de los postes brillaba una luz muy tenue y había grupos de gentes en las veredas en los lugares más oscuros; bebiendo y hasta una pelea vi.
Verdaderamente creo que fue la ocasión en que conocí lo que significa sentir miedo y ese temor profundo que te estruja las entrañas. Senti la opresion espiritual que el miedo produce. De verdad que me sentí solo y sin apoyo, abandonado.
Cierto es que nada me pasó esa noche y logré alcanzar el último tren. Aunque los trenes a esa hora de la noche no son el lugar mas seguro que puedas imaginarte, una vez dentro me sentí como si estuviera en un castillo fuerte en que nadie ni nada me podría alcanzar.
Esa es precisamente la idea que el salmista nos muestra en el Salmo 46, que no importan las circunstancias, el lugar, la hora, ya sea un cataclismo o simple oscuridad; nuestro amante Dios nos protegerá y mantendrá seguros y salvos si le confiamos y esperamos en El, no dudando; pero sintiéndonos seguros y protegidos; porque El lo prometió.
El Rey David expresa el mismo sentimiento de seguridad en el Salmo 23, cuando dice: “Aunque cruce el valle de sombra de muerte, NO TEMERÉ MAL ALGUNO”.
Pienso que en general somos muy buenos para asustarnos cuando debiéramos darle la oportunidad al Señor de mostrarnos cuan fiel El es a sus promesas.
Bueno es recordar que todas las promesas de protección en que el salmista ponía su confianza están disponibles para nosotros hoy día. Como un sello glorioso de su amor y cuidado por nosotros podemos también recordar que el Señor Jesús nos dijo en sus últimos momentos en la tierra “ Yo estoy con vosotros todos los días y hasta el fin del Mundo” (Mateo 28:20) y que como resultado de esa promesa, hoy día nada menos que la Unción del Espíritu de Dios, mora en cada persona que confiesa al Cristo como Señor y Salvador.
NO PODEMOS ESTAR MAS SEGUROS QUE ESO; DEJÉMOSLE HACER SU OBRA EN NUESTRAS VIDAS Y VIVAMOS EN PAZ, CONFIANDO EN SU FIDELIDAD Y NO ENTRISTEZCAMOS AL ESPÍRITU DEL SEÑOR CON NUESTROS TEMORES Y DESCONFIANZA.
Jesús nos ama verdaderamente y cuida de nosotros cada día y en cualquier circunstancia.
Gloria sea a nuestro Dios y Señor.
Pastor Michel
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miércoles, 2 de abril de 2008
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